Opinión: No a la sumisión vs la provocación

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El preámbulo que sin lugar a dudas la arrogancia y soberbia del presidente electo Donald Trump, no ha leído, ni leerá del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), deja claro en 10 puntos el tipo de relación que se comprometen a cumplir México, Estados Unidos y Canadá, apunta: Reafirmar, Contribuir, Crear, Reducir; Establecer (reglas claras en beneficio mutuo para su intercambio comercial); Asegurar; Desarrollar (sus respectivos derechos y obligaciones derivados del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio –GATT por sus siglas en inglés- ahora Organización Mundial de Comercio). Fortalecer; alentar; Crear (nuevas posibilidades de empleo, mejorar las condiciones laborales y los niveles de vida en sus respectivos territorios).

Cada uno de los puntos por supuesto trae una breve explicación que sería conveniente leyera Trump y sus asesores antes de aventurar acusaciones e inferencias totalmente fuera de lugar y de paso, que no les haría daño aunque quizá se les atore entre otros los siguientes

OBJETIVOS:

“Los objetivos del presente Tratado, desarrollados de manera más específica a través de sus principios y reglas, incluidos los de trato nacional, trato de nación más favorecida y transparencia, son los siguientes.

a) Eliminar obstáculos al comercio y facilitar la circulación transfronteriza de bienes y de servicios entre los territorios de las Partes; b) promover condiciones de competencia leal en la zona de libre comercio; c) aumentar sustancialmente las oportunidades de inversión en los territorios de las Partes; d) proteger y hacer valer, de manera adecuada y efectiva, los derechos de propiedad intelectual en territorio de cada una de las Partes…

  1. Las Partes interpretarán y aplicarán las disposiciones de este Tratado a la luz de los objetivos establecidos en el párrafo 1 y de conformidad con las normas aplicables del derecho internacional…

Sirvan las líneas precedentes como una breve referencia de que a México le asiste el derecho y la razón al oponerse a las amenazas que de manera unilateral el señor que asume la presidencia el próximo 20 de enero de 2017,  quiere cumplir. Como estos textos hay muchos otros que han hecho que las relaciones entre Los Estados Unidos y México sean siempre en el contexto de convenios, tratados y vecindad geográfica, ventajoso siempre a los estadounidenses; los beneficios del TLCAN quizá han sido mucho mayores para ellos.

Ni la confrontación ni el enfrentamiento con quien no tiene la menor intención de conciliar a menos que se haga en su tiempo y su forma, como tampoco la sumisión y mucho menos la justificación, no hay de que justificarse cuando asiste la razón.

El cambio duele, pero es necesario, firmeza y dignidad ante lo que ha sido una relación de altibajos, pero ahora, como nunca el Nuevo Orden se inscribe con reglas diferentes, un sinnúmero de países están interesados en México, su condición geográfica, sus riquezas y sus posibilidades, múltiples tratados y convenios se han firmado en los últimos años en el concierto internacional sin la presencia de Estados Unidos; muchos problemas que ahora se padecen han sido provocados por las filias y fobias de éstos con otras naciones.

La razón no se negocia, se impone. Los imperios comienzan su descomposición de su interior hacia afuera; el corporativismo multinacional, diseñado por Estados Unidos y sus aliados después de la Segunda Guerra Mundial, ya dieron lo que tenían que dar, han sido superados y México tiene suscritos tratados y acuerdos suficientes para incorporarse al Nuevo Orden, que no comanda ni encabezan Los Estados Unidos y menos cuando a la cabeza de este país gobierne un populista sin experiencia y sin conocimiento de lo que significa ser gobierno.

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