Lejos en México la posibilidad de una Segunda vuelta en los procesos electorales

Foto Cortesía

Para ser honestos, se ve lejana la posibilidad de que haya una segunda vuelta electoral, es más no antes del 2021.

Una segunda vuelta conlleva una cultura política, con base en una estructura de partidos políticos definidos por su ideología, propuesta, filosofía y conceptos claros que pueda diferenciar una fórmula de otra; complicado que se dé a partir de una visión partidista en donde los partidos se ven más como una franquicia que como una opción político-social.

Sin lugar a dudas la falta de contundencia en el resultado de las elecciones, es debido a la ausencia de credibilidad en los políticos y en los partidos. El problema no es privativo de México, por aguda que sea esa incredulidad, en varios países se ha mostrado el descontento de la sociedad hacia los partidos políticos, un caso muy sonado fue el movimiento de los “indignados” en España, en donde fue más que claro que la sociedad no se sentía representada por los viejos y tradicionales partidos políticos; más aún, nunca perdieron la oportunidad de gritar su rechazo a los partidos políticos, porque como ellos decían, no nos representan, representan sus propios intereses.

En México ya hizo agua el barco de los partidos políticos, el hartazgo se manifiesta en cada proceso electoral, en un ambiente en el que a los dueños de la franquicia cada vez les cuesta más trabajo jalar agua para sus molinos, apelan por su voto duro, que está más aguado que nada y de duro sólo conserva el nombre.

Al pulverizarse a nivel federal el poder de los gobernadores y los presidentes municipales, se dispersó también el voto de las huestes tradicionales, y sólo a nivel regional, mantenían cierto peso político, pero como los partidos carecen de plataformas que incluyan propuestas para resolver los problemas nacionales, recurren a las prácticas más sucias, compra de votos para garantizar con diferencias mínimas, sólo numéricas, cuestionables como sucedió en los últimos comicios en cuatro estados de la república mexicana.

Las viejas prácticas políticas han dejado entrever que ya no funcionan. Las fórmulas con las que se pretende brincar esas viejas prácticas, no tienen nada de novedosas, son tan viejas como las que se trata de combatir, fincar en el pésimo desempeño y corrupción de un partido, la propuesta de otro que busca la alternancia sin cambios estructurales, sino a través de paliativos pueriles para una sociedad que demanda con urgencia opciones que provoque de modo ineludible movilidad social, que rompa, mejor aún, que termine con paradigmas anclados en  una historia ya superada, además de inútil, es y será ociosa.

Incuestionables, entonces las segundas vueltas, Francia el ejemplo más reciente, funciona, si, en sociedades con cultura política, en sociedades politizadas, con partidos que trabajan más allá de los procesos electorales y quizá no sería osado afirmar con un basamento ideológico, sin importar la geografía política, pero definida, identificable. En una sociedad, con más politiquería que propuestas políticas ancladas en bases sólidas en los campos de la economía, la sociedad, y ánimo de cambio, la segunda vuelta electoral quedará, como  siempre, en el limbo camaral y echándose culpas, más ahora que está más que claro que más allá de las alianzas, sería la alternativa de quien lleva más de 15 años buscando la presidencia de la república.

Los pretextos y los obstáculos a la segunda vuelta electoral nos remite, a famoso refrán: el miedo no anda en burro ¿será la razón de mayor peso?

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