Geografía económica para entender los mercados digitales

Ciudad de México (Rasainforma.com).-¿Te has preguntado por qué en cierto lugar se producen más libros que en cualquier otro? o ¿por qué Hollywood es una de las industrias cinematográfica más destacadas a nivel mundial? La respuesta radica en el entendimiento de la geografía y su combinación con distintos elementos.

En 1910, factores climatológicos, sociales, geográficos, históricos entre otros, hicieron que la ciudad de Los Angeles, California, emergiera como una de las industrias del cine más importantes. Sin embargo, al iniciar el año 2000, se llevaron a cabo grandes debates a nivel mundial sobre la piratería y la idea de que el Internet acabaría con esta industria.

La pregunta era una constante para el doctor Luis Felipe Álvarez León: ¿qué efecto tendría este fenómeno en lugares en donde esta industria ha tenido gran impacto en las economías locales y en el desarrollo regional? De ahí su investigación para obtener el título de doctor en Geografía Económica.

Su interés por entender la funcionalidad de industrias como ésta, que al paso del tiempo tienen un mayor impacto global, lo llevó a ofrecer una teoría que muestra la formación de productos comerciales en la economía digital y su circulación en los mercados digitales: “generalmente pensamos que son flujos de información que cruzan fronteras sin ningún tipo de dificultad, sin embargo, están delimitados por fronteras políticas a varias escalas (nacionales, internacionales, locales, estatales)”.

Hay que entenderlo desde una perspectiva geográfica, precisó. Es decir, aunque tengamos conexión entre muchas partes del mundo y haya flujos de información que nos permitan comunicarnos de manera inmediata, existen factores locales, políticos y legales que forman, conforman y articulan la manera en cómo recibimos, compramos, vendemos y distribuimos todo tipo de información.

Los mercados van más allá de la idea de los flujos de información, la idea global y toda idea milenaria. Esto tiene que ver con la interacción entre tecnologías específicas, plataformas de distribución, tecnologías de geolocalización, conexiones de Internet, así como con sistemas de propiedad intelectuales y regulatorias, las cuales son propias de cada país o de cada lugar en particular, detalló en entrevista desde Estados Unidos.

Y compartió un ejemplo: “la mayoría de la información geográfica ha sido producida por oficinas como el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) (en México) o como el Buró del Censo (en Estados Unidos), pues cada país tiene una rama que se dedica a mapear el territorio para recolectar información demográfica y estadística que esté al servicio del gobierno y del pueblo.

En esta economía digital, esas características y estadísticas espaciales se han vuelto más valiosas porque si se piensa en alguien por ejemplo, que está en la industria del mercadeo, le sirve mucho saber exactamente qué sector poblacional vive en un lugar en específico y con ciertas características demográficas, y así hacer comerciales o propaganda digital que sea dirigido específicamente a ese sector de la población. Gran parte de las industrias utilizan esta información para sus operaciones”, acotó.

Así pues, esta información se ha convertido no sólo en un instrumento administrativo, sino en un bien de mercado que se ha incorporado en muchos productos de manera digital.

Esto se puede ver en la industria del cine y la televisión a través de las películas o series de televisión a los cuales tenemos acceso a través de algún servicio de distribución de películas, como los es Netflix, que tienen un catálogo distinto dependiendo del lugar de donde se quiera tener acceso.

Interacción entre los regímenes de propiedad intelectual (de la información) y su interacción con la tecnología

Un ejemplo de los efectos de esta interacción sucede en Estados Unidos, donde la información recolectada por el gobierno federal es propiedad de la población y no del gobierno, lo que quiere decir que cualquier persona la puede utilizar para generar productos o incorporarla en sus operaciones logísticas de manera gratuita.

A consecuencia de esto, se puede decir que se ha desarrollado una industria secundaria muy importante que se dedica específicamente a generar más información geográfica a partir de esos mapas o bases de datos, y darles un valor agregado para comercializarlo como servicios al consumidor o a las industrias.

Situación contraria existe en Europa, donde los regímenes de propiedad intelectual son más restrictivos, pues la información que recolecta el gobierno, como la del censo o de catastro, es propiedad específicamente del gobierno o si es el caso, de la monarquía, o de quienes ejercen esos derechos y cobran por el acceso a la información, lo cual dificulta la generación de una industria secundaria.

Con esta tesis, premiada por la Asociación Americana de Geógrafos como la mejor a nivel doctoral, el doctor Álvarez pretende ofrecer una perspectiva que dé a entender las dimensiones geográficas de estos bienes y servicios: “que muchas veces están escondidos, es decir, nosotros vemos un interfaz en el teléfono o en la computadora, y lo vemos con un flujo de información, pero es difícil localizar dónde está producida o por qué lugares pasa; incluso, si vivimos en un país donde hay censura de contenido, nosotros no sabemos qué es lo que no nos está llegando a nuestra pantalla. Este es un ejercicio geográfico de que hay fronteras que se están erigiendo para darle cauce a los flujos de información”, acotó.

Con información de UNAM Global