El mito de la soledad como epidemia de salud

La ansiedad sobre la soledad es una característica común de las sociedades modernas

Los médicos recomiendan dormir de 6-8 horas diarias, realizar ejercicio y entablar contacto con sus seres queridos (Foto: Ilustrativa)

Ciudad de México (Rasainforma.com/Redacción).-El mes pasado, el Reino Unido nombró a su primera “ministra contra la soledad”, quien estará encargada de atender lo que la primera ministra Theresa May definió como “la triste realidad de la vida moderna”.

De inmediato, los funcionarios de salud pública alabaron la idea. En las últimas décadas, los investigadores han descubierto que si no se trata, la soledad no solo es físicamente dolorosa, sino que también puede tener graves consecuencias médicas. Los estudios epidemiológicos han vinculado la soledad y el aislamiento social con las cardiopatías, el cáncer, la depresión, la diabetes y el suicidio. Vivek Murthy, quien fue la máxima autoridad sanitaria de Estados Unidos, ha escrito que la soledad y el aislamiento social están “asociados con una reducción de la expectativa de vida similar a la causada por fumar quince cigarrillos al día e incluso mayor a la que se asocia con la obesidad”.

¿Será verdad que la soledad es, como muchos especialistas y funcionarios advierten, una creciente “epidemia de salud”?

No lo creo y tampoco considero que describirla así pueda ayudar a nadie. La falta de conexión social es una cuestión seria, pero si creamos pánico sobre su prevalencia e impacto, es menos probable que lidiemos con ella de manera adecuada.

La ansiedad sobre la soledad es una característica común de las sociedades modernas. En la actualidad, parece que existen dos causas principales de soledad. Una es que las sociedades de todo el mundo han adoptado una cultura de individualismo. Hoy existen muchas más personas que viven solas y envejecen en soledad. Las políticas sociales neoliberales han convertido a los trabajadores en precarios agentes libres, y cuando el trabajo desaparece todo se derrumba rápidamente. Los sindicatos, las asociaciones civiles, las organizaciones vecinales, los grupos religiosos y otras fuentes tradicionales de solidaridad social están en constante declive.

La otra causa posible es el ascenso de la tecnología de la comunicación que incluye a los teléfonos móviles, las redes sociales y el internet. Hace una década, empresas como Facebook, Apple y Google prometían que sus productos ayudarían a crear comunidades y relaciones significativas. En vez de eso, hemos usado el sistema de las redes sociales para profundizar divisiones ya existentes, tanto a nivel individual como grupal. Podemos tener miles de  amigos  o   seguidores  en Facebook e Instagram, pero en lo que respecta a las relaciones humanas, resulta que no hay nada que sustituya al viejo método de construirlas en persona.

Ante estas dos tendencias, es fácil creer que estamos experimentando una “epidemia” de soledad y aislamiento. Sorprendentemente, los mejores datos disponibles no muestran picos drásticos ni en soledad ni en aislamiento social.

Exagerar el problema puede dificultar que nos enfoquemos en las personas que necesitan más ayuda. Cuando el Reino Unido anunció su nuevo ministerio, los funcionarios insistieron en que todos, jóvenes o viejos, están en riesgo de estar solos. No obstante, las investigaciones señalan algo más específico. En países como Estados Unidos y el Reino Unido, son los pobres, los desempleados, los desplazados y las poblaciones migrantes quienes sufren más por soledad y aislamiento. Su vida es inestable, al igual que sus relaciones. Cuando se sienten solos, son los menos capaces de conseguir apoyo médico o social.

No creo que estemos viviendo una epidemia de soledad, pero sí que millones de personas sufren por la falta de conexión social. Ya sea que cuenten o no con un ministerio para la soledad, merecen más atención y ayuda de las que les ofrecemos hoy en día.

Con información de The New York Times